Un gran regalo que me hicieron

Voy a copiar un texto de un amigo (yo considero a todos nuestros oyentes como amigos) en el que habla de mi persona.

Aunque realmente no creo ser merecedor de tantísimos elogios lo agradezco de todo corazón y confieso que me hizo muchísima ilusión cuando lo recibí.

Está escrito por Mikel Navarro, que escribe maravillosamente bien. Y también hizo uno de Don Santiago, que también publicaremos 😉

Éste es el texto:

Fernando Vázquez, el Sinatra de las ondas

La voz modulada, templada y gradual que acompaña a un siempre atento micrófono, ese amigo añil y cercano que tan solo sabe escuchar a un enamorado comunicador. Transmite la pasión fonética del acorde grave y equilibrado vestido con porte inglés. Es una voz de sastre de palacio a medida en un traje a modo de frac. Dicción de maestro imparte sus clases a media luz bajo la luna de esa noche madrileña que siempre amó.

Juventud eterna y sonrisa pícara, perfil de leyenda en el marco de un ambiente invernal, con el pitillo humeante del frío que invade la gélida pose de manos sumergidas dentro de bolsillos deshabitados. Silueta que acoge un gesto solo similar a la de aquel James Dean que paseó su sombra entre calles de Manhattan.

Creciendo en estudios de radio se hicieron mayores sus palabras que siempre fueron adultas ya desde su niñez. Se lanzó al estrellato en aquella tarde de caminos empedrados, siempre paseando por Madrid, claro que sí. Con el único alimento de un plato de ondas jamás pasó hambre, el medio siempre fue su mejor almuerzo como un devorador ávido de peceras sin agua y teclas en el postre, masticando aire nutritivo de experiencia. Llegó su hora mágica a principios de los noventa en el mejor de los veranos tomando el sol de recuerdos en rebecas del ayer. Al poco tiempo tuvo el privilegio de conocer a una eminencia por siempre eterna de apellido precedido con la preposición “de” , Argumosa maestro de maestros.

Y seguía soñando nuestra voz, soñaba con tierras áridas, enigmáticas de arena entre sus manos con el horizonte rojizo en forma de pirámide, egiptólogo con capa de superman que volaba tan solo cuando atrapaba aquel mítico balón Tango, en acrobática palomita de salón, fue portero solitario de merengue renuncia.

Siempre hubo un lugar para ti en los pasillos acolchados de insonorizados acordes, acordes sordos para la guitarra que de espaldas a la radio comenzó a tocar. Edad media de canciones en esa época del paréntesis que fue cantar en un laboratorio con aspecto de chico inglés. Después llegó el doblaje en forma de celuloide. Más tarde, esos informativos de fondo espigado en forma de pirulí, un mundo lleno de sorpresas muchas veces adversas. Al final de la escalera aguardaba un hermano y amigo que siempre creyó en ti, el destino escondía todavía lo mejor, un tándem único elegido para el triunfo. Cuna de liderazgo con el alma pater en la historia audiovisual.

Sí, ese es él, Fernando Vázquez, el sonido de la voz grave que escucha New York, New York… De aquel Frank.

Fernando Vázquez, el Sinatra de las Ondas.


–Mikel Navarro–

Mikel……. realmente no puedo decir otra cosa que ¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!! por saber condensar en una sola página lo que ha sido mi vida.
Verdaderamente escribes magistralmente.

Gracias, de corazón, por este regalazo!!!!!!

Un abrazo!!!!!! 🙂

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