Archive for agosto, 2014

Primer caso de transmisión de hepatitis C resistente

Viernes, agosto 1st, 2014

 Un técnico de un laboratorio selecciona píldoras. ANTONIO SCORZA Afp

Un técnico de un laboratorio selecciona píldoras. ANTONIO SCORZA Afp

Un equipo de investigadores españoles ha descrito “por primera vez” el caso de un paciente que se ha reinfectado por vía sexual con una variante del virus de la hepatitis C resistente a los fármacos aprobados en 2011, los denominados antivirales de acción directa, cuya tasa de curación es superior al 90% en el plazo de tres o cuatro meses. Concretamente a Telaprevir.

Los autores, del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa y de la Fundación Lucha contra el Sida (FLS), detectaron el caso a raíz de un ensayo clínico desarrollado para probar la eficacia de nuevos medicamentos (telaprevir -aprobado en España- y daclatasvir – que sólo se usa en los casos más graves-). En este trabajo participaba una pareja formada por dos hombres, ambos coinfectados con el VIH y con hepatitis C. Uno de ellos, tras someterse al tratamiento de interferón combinado con daclatasvir, se curó. Por el contrario, su pareja, que “había recibido interferón con telaprevir, no se curó y desarrolló virus resistentes [a telaprevir] que transmitió a su pareja [curada]”, explica a EL MUNDO Cristina Tural, una de las coordinadoras del artículo publicado en la revista Gastroenterology.

En la actualidad, “para reducir la carga viral en estos pacientes, se suele utilizar interferón y ribavirina, pero teniendo en cuenta también los nuevos fármacos” que han surgido en los últimos años, que son más seguros y eficaces, como telaprevir y boceprevir [aunque no todas las CCAA tienen acceso aún]. Otros como sofosbuvir y daclatasvir, continúa, no están aprobados aún en España (sí en Europa). Este último se utiliza en nuestro país, con autorización especial, para los casos más graves, es decir, pacientes en lista de espera para un trasplante o que ya han sido trasplantados pero han desarrollado una recaída grave de la infección. La novedad con la que se ha celebrado estos días el Día Mundial de la hepatitis es que a partir del 1 de agosto otro de estos nuevos tratamientos (simeprevir) estará disponible en el Sistema Nacional de Salud.

El nuevo estudio describe por primera vez, remarca la investigadora, “la transmisión por vía sexual de virus resistentes”. Se sabe que hay virus de la hepatitis C que no responden al tratamiento, no necesariamente por resistencia, sino por otras causas (porque la dosis de medicina no es suficiente, etc), pero “no se había descrito nunca la transmisión de virus resistentes de la hepatitis C“, expone la experta.

Aunque con el tratamiento actual a base de combinaciones con agentes antivirales directos más del 90% de los pacientes se cura, hay un pequeño grupo de afectados que puede seguir transmitiendo el virus, sobre todo si desconocen su situación (la infección suele presentarse de forma asintomática) y no ponen medios (las dos vías de transmisión son intravenosa y sexual). Si, en vista de este caso, además se transmiten virus resistentes a los nuevos fármacos, el problema se agrava porque “se hace más difícil el control de la infección”.

Como explica Miguel Ángel Martínez, otro de los coordinadores del estudio, “la transmisión de virus de la hepatitis C resistentes a los nuevos fármacos de un paciente a otro reduce la capacidad de curar la infección, alarga la duración del tratamiento y, lo que es más importante, afecta a la salud y calidad de vida de los pacientes”.

Es una situación clínicamente nueva, señala la experta, para la que las guías internacionales sobre el manejo de la infección no tienen respuesta. “No hay guías sobre cómo tratar virus resistentes de hepatitis C”. De hecho, con el paciente reinfectado aún “estamos mirando cuál va a ser la mejor estrategia de tratamiento”.

Convendría, por un lado, ampliar el protocolo de manejo de la infección y, por otro, aumentar las medidas de salud pública y educación sanitaria. “Dado que la hepatitis C se da con más frecuencia en personas con VIH, se insiste mucho en la transmisión del virus del sida, pero no tanto en el de la hepatitis C“. Además del uso de fármacos, “hay que incrementar las medidas de salud pública para evitar la transmisión”. Y aquí es donde está el problema, subraya: “Todo el mundo se queda con las medidas de prevención relacionadas con los usuarios de drogas (como compartir jeringuillas)”, pero hay muchas más.

Cabe destacar que “así como con otros virus como el de la hepatitis A, una vez curado, el paciente tiene inmunidad, con la hepatitis C, tras el tratamiento exitoso, la persona puede volver a infectarse y reinfectarse y volverse a infectar”. Y es importante saberlo para evitar prácticas de riesgo, como las relaciones sexuales sin preservativo.

Por otro lado, apunta Martínez, la transmisión de virus resistentes de la hepatitis C también conlleva un mayor desembolso para el sistema de salud, lo que puede agravar los problemas clínicos por dicho virus”. En la misma línea opina Tural: “El hecho de que un paciente se infecte y se vuelva a infectar obliga cada vez a ir desembolsando dinero” y, si además los virus se muestran resistentes, hay que probar con nuevos fármacos y la cuenta se va incrementando.

Los investigadores recomiendan realizar un test de resistencia antes de empezar el tratamiento de la hepatitis C en pacientes con elevado riesgo de reinfección, como son los hombres que tienen sexo con hombres. En Europa, cada vez es mayor el porcentaje de esta parte de la población que vive con VIH y a los cuales les afecta esta epidemia. Representa, probablemente, uno de los mayores focos de las nuevas infecciones por hepatitis C.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 3% de la población mundial está afectada por el virus de la hepatitis C. La OMS también estima que cuatro millones de personas contraen el virus cada año.

FUENTE: EL MUNDO (Laura Tardón)

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‘En 2045 el hombre será inmortal’

Viernes, agosto 1st, 2014
  • José Luis Cordeiro, profesor en la Singularity Universirty de Silicon Valley, afirma que el progreso tecnológico perimitirá acabar con el envejecimiento

 José Luis Cordeiro, profesor de la Singularity University. EM

José Luis Cordeiro, profesor de la Singularity University. EM

“Y al día siguiente no murió nadie”. Así comienza José Saramago Las intermitencias de la muerte, una novela en la que un 1 de enero de no se sabe bien qué año los humanos dejaron de morir, planteando un problema de tremenda magnitud para la sociedad y un desafío demográfico difícil de imaginar.

Pues bien, ese momento que un día vislumbró Saramago ya tiene fecha: “En 2045, el hombre será inmortal”. Así lo afirma José Luis Cordeiro, profesor y asesor de la Singularity University, una institución académica americana creada en 2009 por la NASA y financiada por Google, que ha participado en el encuentro ‘Inteligencia artificial y porvenir de la especie humana’ de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander. Ni el sida, ni el cáncer, ni el hambre. Nada. En poco más de 30 años, ninguna enfermedad podrá acabar con la especie humana porque, según asegura, “el envejecimiento es una enfermedad curable”.

“En 2029 tendremos artefactos del tamaño de un ordenador capaces de sobrepasar el nivel de inteligencia del ser humano”.

Para hacer semejantes afirmaciones, Cordeiro se basa en una corriente cada vez más extendida y de la que ya se hizo eco la revista Time: la llamada “singularidad tecnológica”. Ésta apunta hacia el progreso tecnológico y la llegada de la inteligencia artificial como las herramientas que acabarán con la ‘edad humana’ y darán lugar a la ‘edad posthumana’. Un hito hasta ahora inimaginable en un mundo en el que la brecha digital y las desigualdades sociales siguen siendo una evidencia en los distintos países que pueblan el planeta y en el que aún hoy existe un acceso desigual a la sanidad o la tecnología.

Cordeiro viene a confirmar lo que ya había dicho Ray Kurzweil, quien vaticinó en distintas ocasiones que en un momento en la historia de la humanidad las máquinas llegarán a tomar conciencia. Según el director de ingeniería de Google y fundador de la Singularity University, en 2029 tendremos artefactos del tamaño de un ordenador, capaces de sobrepasar el nivel de inteligencia de un ser humano; y en 2045, algún tipo de software será capaz de asumir la inteligencia combinada de todos los hombres y la complejidad de los procesos del pensamiento. En ese momento, un software podría llegar a sobrepasar la sofisticación del cerebro humano y a provocar “la muerte de la muerte”.

“Entre el año 2029 y el 2045, vamos a tener computadoras con más transistores que neuronas tiene nuestro cerebro. Y ese será el inicio de la singularidad tecnológica, cuando la inteligencia artificial alcance a la inteligencia humana“, afirma en esa línea el profesor Cordeiro.

Cordeiro afirma que los ordenadores llegarán a tener más...

Pero este investigador venezolano va aún más allá. Prevé que, en los próximos 10 años, por 10 dólares cualquier hombre podría llegar a acceder a la secuenciación de su genoma, conocer qué relación guardan enfermedades como el cáncer o el Alzheimer con sus genes y llegar a prevenirlas. Ello, garantiza, permitiría a los humanos en un futuro próximo “diseñar” a nuestros descendientes a nuestro gusto y evitar según qué trastornos.

Hace 50 años, el escritor británico de ciencia fricción Arthur C. Clarke formuló tres leyes relacionadas con el avance científico. La primera de ellas decía que si un científico afirma que algo es posible, seguramente esté en lo correcto; pero si dice que es imposible, probablemente esté equivocado. La segunda insistía en que la única forma de descubrir los límites de lo posible era aproximarse hacia lo imposible. Y la tercera, que toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Era ciencia ficción, pero en ellas se apoya la singularidad tecnológica para aventurarse a realizar semejantes previsiones futuras de una realidad distópica.

“Hace 30 años no había ordenadores personales. Hace 20 años comenzaban a aparecer los primeros móviles. Hace 10 años Google era una pequeña start-up y hoy es una de las compañías más ricas del mundo y paga mi salario. ¿Qué va a pasar en los próximos 10, 20, 30 años? Cosas mágicas“, asegura este investigador.

“En los próximos años los humanos se fusionarán con los robots”.

La veracidad de sus afirmaciones, insiste, se encuentra en los avances de la ciencia y la tecnología. En los logros alcanzados por la Methuselah Foundation, una institución que ha conseguido extender la vida saludable de los ratones hasta los cinco años en la última década, “el equivalente a 1.000 años humanos”; o en la demostración de que células como las germinales, las cancerígenas o las bacterias “no envejecen”. Ello demostraría que “la vida nació para vivir y no para morir”.

Sea como fuere, lo que sí es una evidencia es que la tecnología cambia de forma exponencial y el progreso de la inteligencia y del conocimiento es aparentemente imparable. ¿Dónde están los límites ? O, más bien, ¿existen esos límites? Aparentemente, no.

“El cerebro es la estructura más compleja del universo y, además, el único órgano que aún no se ha creado artificialmente. Sin embargo, los científicos están empezando a estudiar el cerebro de forma sistemática y vamos a tener una explosión de la inteligencia artificial“, explica el profesor de la Singularity University. La ‘Iniciativa Brain’, un proyecto de investigación estadounidense para tratar de trazar un mapa de toda la actividad cerebral, la última gran frontera de la ciencia; o el ‘Human Brain Project‘, un programa internacional que intenta facilitar a los investigadores una herramienta que ayude a entender el cerebro humano, además de simular informáticamente su funcionamiento, hacen prever a este investigador que “en los próximos años los humanos se fusionarán con los robots”. Éstos, como en ‘El hombre bicentenario’, llegarán incluso a tener sentimientos.

“En los próximos 30 años vamos a curar todas las enfermedades y ustedes son parte de la primera generación inmortal humana”.

En 2007, los gobiernos de Corea y Japón ya mostraban su preocupación por un futuro lleno de robots y emprendían distintas medidas con el fin de tratar de regular su conducta. De hecho, el título de esta iniciativa legislativa era ‘Borrador de guía para asegurar la sana conducta de la próxima generación de robots‘. Ambos países consideraban insuficientes las leyes que ya formulase Isaac Asimov: un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inactividad, permitir que un ser humano sufra daño; un robot debe obedecer las órdenes de los seres humanos, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley; un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.

Podría decirse que todo lo anterior es pura especulación. Tal vez un tremendo disparate. Pero José Luis Cordeiro y la Singularity University, una de las instituciones de mayor prestigio y especialización en la investigación y formación sobre nuevas tecnologías y su aplicación en los sectores más estratégicos y decisivos sobre el crecimiento económico y el bienestar social de la población, creen que no.

“En los próximos 30 años vamos a curar todas las enfermedades y ustedes son parte de la primera generación inmortal humana“, insiste. Y es que, como dijo el filósofo y dibujante inglés William Blake, “todo lo que hoy vemos, fue un día imaginación; todo lo que hoy imaginamos, podrá ser realidad mañana”. O como dijo Mafalda, “el futuro ya no es lo que era antes”.

FUENTE: EL MUNDO (JOSÉ ANDRÉS GÓMEZ)

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