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La felicidad es contagiosa

viernes, diciembre 5th, 2008
  • Rodearse de amigos felices aumenta un 9% las probabilidades de sentirse satisfechos

¿Quién no se ha sentido alguna vez contagiado por la felicidad de un amigo, un padre, un hermano? ¿Quién no se alegra por el júbilo ajeno? ¿Y no parece acaso que las penas vienen todas juntas entre conocidos y allegados? Un estudio que combina la epidemiología y la sociología sugiere que la felicidad es contagiosa, y que las personas con amigos dichosos son más proclives a sentir la felicidad en sus propias carnes.

En la película 'Pleasantville', también se contagiaba la felicidad (Foto: AP | Ralph Nelson)

Para darle base científica a una idea que muchos ya mascaban, investigadores de las universidades de California y San Diego (ambas en EEUU), han utilizado los datos de una de las investigaciones más famosas de la historia de la medicina, el estudio Framingham. Desde 1948, 5.209 ciudadanos de la localidad estadounidense del mismo nombre (y ahora, además, sus hijos y nietos) se someten periódicamente a estudios y análisis para conocer su estado de salud.

Sus conclusiones se han publicado en la revista ‘British Medical Journal’ (BMJ) y pueden tener implicaciones sanitarias: «Lo más importante es el reconocimiento de que las personas son seres sociales y el bienestar y la salud de un individuo afecta a la de quienes le rodean«.

Los autores seleccionaron a 5.124 individuos (a los que se denominó ‘egos’) y a varios de sus conocidos (‘alter’): padres, hermanos, pareja, hijos, vecinos, compañeros de trabajo, amigos (y también amigos de amigos). En total, más de 12.000 individuos que estaban conectados entre sí de alguna manera en la localidad de Framingham entre los años 1971 y 2003, y que constituían entre ellos alrededor de 53.200 vínculos sociales.

Amistades positivas

Para definir la ‘felicidad’, James Fowler y Nicholas Christakis utilizaron una escala de valores, en la que los participantes tenían que responder a varias cuestiones sobre sus sentimientos en las últimas semanas: «Me siento esperanzado con el futuro», «me siento feliz», «disfruto de la vida», «siento que soy tan bueno como otras personas»… Como muchos de los ‘alter’ también estaban incluidos en el estudio Framingham no fue difícil obtener sus sensaciones y establecer cómo se distribuía este sentimiento a través de las redes sociales.

Sus análisis demostraron que las personas felices suelen estar vinculadas entre sí (lo mismo que las desdichadas). Una persona tiene un 15% más de probabilidades de sentirse ufana si está conectada con un ‘alter’ feliz; aunque a medida que la relación se va distanciando (amigos de amigos, vecinos, compañeros de trabajo…) estos porcentajes se van reduciendo al 9,8% o incluso al 5,6% en el caso de conocidos de ‘tercera línea’ (amigos de amigos de amigos, por ejemplo).

Además, se atreven a decir que hay individuos que viven en el centro mismo de la dicha, mientras que las personas que ocupan la periferia de las relaciones sociales se sienten menos satisfechas. Así, los individuos que son el centro de muchas relaciones tienen más probabilidades de seguir siendo felices en el futuro.

La investigación subraya que la felicidad de cada ‘alter’ influye directamente en las emociones del ‘ego’: tener amigos alegres incrementa un 9% las probabilidades de ser feliz en el futuro o convivir con una pareja dichosa equivale a un 8% de felicidad; y, al contrario, rodearse de pesimistas reduce un 7% las emociones positivas.

Los autores, además, sugieren que en el contagio de la felicidad las distancias cuentan. Por ejemplo, vivir a menos de 1,6 kilómetros de distancia de un hermano optimista aumenta un 14% la dosis de felicidad personal, mientras que si residen más alejados, los sentimientos fraternales no parecen tener efecto. Si quien vive a menos de 0,8 kilómetros es un amigo, su dicha incrementa un 42% las probabilidades de felicidad del ‘ego’.

Este análisis de la transmisión de sentimientos señala también que las personas del mismo sexo se contagian la felicidad con más facilidad que los contrarios. Quizás por eso, sugieren, el bienestar de amigos o vecinos puede influir más que el de la pareja (en la muestra eran todas heterosexuales).

Influye en la salud

Como ellos mismos subrayan, la felicidad está relacionada con factores tan diversos como la calidad de vida, la satisfacción en el trabajo, las buenas relaciones sociales y familiares… «Y como tal, no es extraño que se vea mermada cuando alguien está enfermo o que la depresión y la ansiedad influyan negativamente en algunas patologías».

En un comentario que publica en la misma revista Andrew Steptoe, de la Fundación Británica del Corazón, reconoce que, a pesar de las pegas metodológicas que se le puedan poner, «el trabajo desata la intrigante hipótesis de que algunos condicionantes psicosociales se pueden transmitir a través de las conexiones sociales. Y esto tiene importantes implicaciones para el diseño de intervenciones eficaces».

Steptoe recuerda que hasta la fecha se ha demostrado que los individuos más felices tienen niveles más bajos de cortisol durante todo el día (relacionado con menos estrés o ansiedad), una respuesta inflamatoria atenuada y una mejor salud cardiovascular.

FUENTE: EL MUNDO (MARÍA VALERIO)

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Los cambios climáticos de Marte

viernes, diciembre 5th, 2008
  • La NASA detecta indicios de glaciaciones en el planeta rojo como las de la Tierra

Una de las imágenes de los cráteres de Marte captadas por la 'Mars Reconaissance Orbiter'. (Foto: Science)

En Marte también se producen cambios climáticos y glaciaciones similares a los que ha sufrido la Tierra. Esto es lo que ha revelado un estudio basado en datos recopilados por la sonda Mars Reconaissance Orbiter (MRO) y publicado por la revista Science.

Según los científicos del Instituto Tecnológico de California (Caltech), esa información mostró pruebas de los cambios que sufrió el planeta causados por su inclinación u oblicuidad astronómica.

Mediante los mapas transmitidos por la cámara de alta resolución de MRO, los científicos identificaron y midieron elevaciones rocosas dentro de cuatro cráteres en la región Arabia Terra del planeta. Esas capas surgen en escalas que van de unos pocos metros a decenas de metros, pero en cada lugar tienen un espesor y otras características similares.

Al medir un patrón de capas sobrepuestas en el cráter Becquerel, los científicos proponen la teoría de que cada una de ellas se formó en un período de unos 100.000 años y que su causa fueron los mismos cambios climáticos cíclicos.

En su estudio, los científicos tomaron unidades de 10 capas para un millón de años. Así se puede observar el fenómeno ya conocido de los cambios en la inclinación del planeta causado por la dinámica del sistema solar.

«Debido a la escala de las capas, las pequeñas variaciones en la órbita de Marte son el mejor candidato para (explicar) los cambios del clima», manifiesta Kevin Lewis, uno de los autores del estudio. Según el científico, «éstos son los mismos cambios que han marcado el paso de las glaciaciones en la Tierra«.

Pero el fenómeno también tiene otras consecuencias, entre ellas el depósito de sedimentos y el desplazamiento de gases atmosféricos, entre ellos el dióxido de carbono el agua en forma de vapor.

«Este estudio nos proporciona una idea de cómo operó el antiguo clima en Marte. Nos muestra un ambiente más predecible que lo que se pudiera deducir de otras características geológicas que indican inundaciones catastróficas y erupciones volcánicas», señala Lewis.

No obstante, el científico admite que será necesario realizar otros estudios para comprender en toda su dimensión todos los datos que están incluidos en lo que califica como «esos archivos geológicos».

FUENTE: EL MUNDOEFE

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